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Por Rinita Inverse
NOTA PREVIA: antes que se me olvide lo dejo claro, los personajes de slayers NO son de mi propiedad, le pertenecen a sus respectivos autores. Pero los personajes nuevos, esos si me pertenecen. ^____^
Capitulo Decimo
Realmente les había costado llegar. Después de enfrentarse a un pequeño grupo de bandidos se habían encontrado de frente con las hordas de mazokus, afortunadamente habían logrado esconderse antes que les vieran. O al menos eso creían.
- Bien, esperen aquí, iré a avisar de esto a las autoridades. No se muevan.
- Espere!! No quiero quedarme solo.
- Oye. – la voz de Astaroth era fría. – hay visitas. – sin moverse dirigió su mirada hacia donde se encontraba oculta Silphiel y los demás.
- Ah? Te refieres a ellos? Na... no te preocupes, no pueden hacer nada.
- Pero darán aviso.
- Será mas divertido. – Xellos entreabrió sus ojos y una mueca algo macabra se formó en su boca.
- Supongo que si. – replicó Astaroth, mas fríamente.
- Le agradecemos que nos haya dicho la verdad. – el señor Inverse abrazaba a su esposa, que aun no se recuperaba del todo.
- No hay de que. Pueden quedarse en el palacio cuanto gusten, haré que les preparen una habitación.
- No, no se moleste. Volveremos a Zefilia. – habló por fin la madre de Lina.
- Pero la ciudad esta destruida...
- Lo se, pero necesito verlo por mi misma. Aun no me convenzo de que Luna... mi Luna...
- Comprendo. Pero les pido de favor que pasen la noche en el palacio, ya es tarde y deben estar cansados, mañana les preparare un carruaje, así llegaran mas rápido.
- Muchas gracias. – la pareja le sonrió con nostalgia y los tres se dirigieron al interior del palacio.
- Lo mejor será que esperen aquí, o mejor váyanse ahora. Esto será peligroso, y no regresare a cuidar de ustedes, me quedare a luchar, si es necesario.
- Entonces yo iré con usted, señorita Silphiel. – dijo con voz firme uno de los muchachos. Silphiel le sonrió provocando que las mejillas del chico se incendiaran. Los otros tres asintieron para confirmar que también ayudarían en lo que pudieran, pero el que les había mostrado el atajo no parecía muy seguro de sus intenciones.
- Lo cierto es... que no quiero tener que luchar, pero lo que menos quiero es quedarme solo, así que también iré con ustedes. – dijo finalmente, aunque con tono resignado.
- Bien, entonces vayamos, usaremos la levitación... alguno de ustedes puede hacerla? – los cinco negaron con la cabeza. – no queda otra... “Burbujas!” – en cuanto Silphiel pronuncio la palabra, todos fueron rodeados por una gran esfera transparente que se elevó y puso rumbo a toda velocidad hacia Sailune.
- Hasta que por fin se han movido. – Xellos sonrió. – atención todos!! – las hordas de demonios aceleraron considerablemente su marcha.
- Hora de divertirse.
- Eso espero.
Lina estaba recostada en uno de los pocos árboles que quedaban en pie. Había pasado un par de horas pensando en su siguiente movimiento y aun así no lograba dar con la solución, el cansancio se hizo presente y sin darse cuenta se había dormido.
Naga dormía tranquilamente en su habitación, era cerca de media noche y solo los guardias de las torres permanecían despiertos. Repentinamente las campanas de la torre de la entrada principal de la cuidad comenzaron a estremecerse, pronto se le sumaron las de la entrada posterior y las de los costados.
Un par de minutos después toda Sailune estaba en pie, corriendo de un lado para otro tratando de encontrar refugio, sin saber cual era el peligro ni que tan cerca estaba.
Naga apareció flotando junto a los guardias de la torre, antes que pudiera preguntar que ocurría uno de los soldados señalo hacia el horizonte, la soberana de Sailune se giró lentamente. Un ejercito de incontables demonios se acercaba por los cuatro flancos y estaban demasiado cerca, no lograrían sacar a nadie de la ciudad. Naga no reaccionó.
Uno de los soldados que venia con Naga recobró su postura firme y se paró frente a la serpiente blanca.
- Cuales son sus ordenes?
- Yo... – Naga seguía con la vista fija en los demonios. – no se que hacer. – dijo por fin, de pronto el piso le pareció muy interesante.
- Si usted no nos dirige, entonces es seguro que perdamos, por eso le pido que me de orden de preparar la resistencia!
- Tienes razón, no podemos rendirnos antes de tiempo, encárgate de reunir a todo el que pueda luchar, dale armas a todos!! Que aquellos que no aportaran nada se encierren en el palacio, en la zona protegida por los hexagramas blancos!!! Date prisa, ustedes – el resto de los guardias se cuadró al instante – dense prisa y ayuden a reclutar a los aldeanos!! Muévanse!!!
- Si!! – contestaron al unísono y salieron a toda velocidad.
- Lina... – Naga volvió a mirar a los demonios que cada vez estaban mas cerca, en media hora estarían en la ciudad y ya no habría nada que hacer, solo resistir todo lo que sus fuerzas le permitieran. Apretó sus puños con fuerza y descendió de la torre para organizar las defensas.
Los padres de Lina estaban en una de las torres del palacio, Naga les había pedido permanecer ahí para defender a quienes se refugiarían dentro, aunque ellos sabían bien que la verdadera razón era que quería que estuvieran en un lugar seguro. La pareja veía con nostalgia como las familias se separaban, en menos de dos días había visto como mas de mil familias se separaban. Primero en Kalmaart y luego en Sailune.
Las ordenes estaban dadas, en cuanto Naga reunió a los generales ordenó que las campanas dejaran de sonar, la ciudad permanecería oscura y en silencio, simularían que no habían notado la presencia de los demonios, quizás eso les diera ventaja por algún tiempo.
Ya habían ingresado las ultimas personas a la torre, y ahora los hechiceros de Sailune estaban sellando la entrada con todo tipo de escudos, uno sobre otro para hacerlos lo mas resistente posible. Dentro, los refugiados se miraban unos a otros sin saber como reaccionar, todos conocían la situación: afuera estaba lleno de demonios y aunque la gran mayoría era de un bajo rango no eran rival tan fácil. Pero ninguno de los allí presentes tenia forma de ayudar en el combate, principalmente porque nunca en su vida habían tomado un arma y en situaciones como esta no hay tiempo de aprender sobre la marcha. En ese momento hubieran deseado que su anterior monarca no hubiese sido un pacifista.
Silphiel y compañía estaban a punto de llegar a Sailune, solo un minuto mas y estarían dentro. Todo se veía tranquilo, aunque la sacerdotisa hubiera jurado que momentos antes había escuchado campanas, eso no importaba, lo que contaba ahora era llegar con el encargado y avisar de la llegada inminente de los mazokus.
Por fin estuvieron flotando sobre la ciudad, descendieron rápidamente, pero antes de que pudieran moverse se vieron rodeados por soldados armados con lanzas y arcos, la primera barrera que le esperaba a los demonios.
- Esperen!! – habló uno de los muchachos. – tenemos que decirles algo importante.
- Lihgu, creo que ya lo saben. – dijo Silphiel mientras daba un vistazo a su alrededor.
- En serio? – replicó el muchacho mientras intentaba vanamente alejar una afilada punta de lanza de su rostro.
- Quienes son ustedes? – una mujer se abrió paso entre los soldados, vestía provocativamente y unas grandes hombreras con espinas sujetaban su capa.
- Sobrevivientes de la batalla de en Kalmaart. – hablo otro de los chicos. – veníamos hacia acá, pero tuvimos que acelerar nuestro paso porque nos encontramos con un ejercito de demonios que llegara en cualquier momento por la entrada principal.
- También vienen por los flancos y la retaguardia. – hablo la recién llegada.
- Te dije que ya sabían. – le dijo Silphiel al oído del chico, que aun trataba de evitar la lanza.
- Ya nos han informado, será mejor que se vayan ahora que aun pueden hacerlo.
- Pero si también hemos venido a ayudar. – Naga enarcó una ceja y les miró detenidamente.
- En serio? Pero si son solo unos niños.
- Aun así ayudaremos. Quien esta al mando aquí.
- Yo. Naga, la serpiente blanca.
- Nunca había escuchado de ti. En fin, en que podemos ser útiles. – dijo algo molesto Lihgu que se había ofendido un poco con las palabras de Naga, después de todo él no era tan pequeño.
- Por lo que veo no saben otra cosa mas que blandir la espada, y tu... pareces una sacerdotisa, tu deberías ir a la torre donde están los otros, ahí serás de mas ayuda.
- De ningún modo, la señorita Silphiel es muy fuerte!!
- A sí? Y que puede hacer?
- Puede usar el Drag Slave! – Naga miró a la sacerdotisa, no parecía que pudiera hacer semejante cosa, además desde cuando las sacerdotisas usaban magia negra.
- Mmm, lo creeré cuando lo vea. Esta bien, puedes quedarte en el frente, pero quédate atrás, debes darle prioridad a esa torre – dijo señalando una cerca del centro de la cuidad. – si ves que esta en algún tipo de peligro no debes dudar en ir allí y ayudar en lo que puedas.
- De acuerdo.
- Majestad, han llegado.
- Bien, todos listos. Atacaran primero, así que tengan listos los escudos.
Xellos esperaba tranquilamente, a su lado Astaroth veía la ciudad con fastidio. Como se atrevía su señor a enviarlo a misiones tan vergonzosas, se sentía menospreciado. No era necesario un ejercito, ni siquiera su presencia era necesaria allí, Xellos podría con todos ellos en menos de un minuto.
- “En que rayos estarán pensando los Dark Lords, porque ahora que lo pienso... que hace Xellos aquí? El es un demonio con un rango mucho mayor al mío, destruir humanos no debe ser interesante para el, sin embargo... esta fascinado con la idea de destruir esta ciudad. Por que será?”
- No es la ciudad lo que me tiene fascinado amigo. – Astaroth se sorprendió al escuchar la voz de su “compañero”, sin duda había leído sus pensamientos, pero no sabia que tuviera esa habilidad. – es lo que pasara después de que esta patética ciudad quede en ruinas. Aunque debo reconocer que no se la verdadera intención de enviar un ejercito tan enorme, supongo que nuestros señores pretenden arrasar con todo de una vez, y Sailune solo será la primera. Y no, no leí tu mente, no puedo hacer tal cosa, pero soy muy listo e imaginé que estarías pensando algo así. – el sacerdote le brindo una misteriosa sonrisa a Astaroth, luego fijó su vista al frente y alzó su brazo. – ATAQUEN!!!!
- No pelearas? – Astaroth veía a los demonios abalanzarse contra las pesadas puertas, cerradas a esas horas, de la ciudad de Sailune.
- No amigo, mi turno llegara después, y cuando ocurra lo disfrutare. Pero, adelante, puedes ir.
- Como quieras. Derriben esa maldita puerta de una vez!!! – al ver que los demonios tenían algunos problemas reunió energía en sus manos y la arrojó contra las puertas haciéndolas astillas en segundos.
Los demonios se lanzaron al ataque, pero los primeros en entrar en la ciudad se llevaron una gran sorpresa, cientos de “Elmekia Lance” los repelieron y destruyeron por completo. Los demonios que aun no entraban aguardaron unos segundos a que el humo se disiparan para intentar entrar nuevamente.
- No dejen que entren!!! Traten de luchar afuera!!! – la voz de Naga se escuchó firme entre sus fuerzas. Todos tomaron sus posiciones y esperaron al enemigo.
En un principio pudieron mantener a raya a los demonios, pero los soldados de Sailune fueron cediendo poco a poco. La entrada principal, lugar donde se encontraban Naga y Silphiel, era la única que aun no permitía el paso a los mazokus, sin embargo no tendrían mas opción que darles paso. Hasta ahora Silphiel había ayudado con algún que otro conjuro básico y con escudos en momentos muy oportunos, pero aun no utilizaba el Drag Slave, no quería cargar con media ciudad, pero ya no había salida; tendría que usarlo y con ello agrandaría la entrada dejando paso libre a sus enemigos. Silphiel buscó la mirada de Naga para obtener su aprobación.
- Maldición!! Si de verdad puedes usar el Drag Slave... que estas esperando!!!!! – Silphiel asintió y comenzó a recitar el conjuro.
- Mas oscuro que la madrugada...
- Todos!! Para atrás!!! – de inmediato los guerreros se apartaron de la trayectoria del poderoso hechizo.
- Oculto entre las profundidades del tiempo y el espacio...
- Reúnanse alrededor de la torre!!! Ahora!!
- ... que con tu poder unido al mío destruiremos a cuanto estúpido se ponga en nuestro camino... DRAG SLAVE! !!!
La energía arrasó con cientos de demonios, pero eso no significó nada, aun quedaban unos miles mas. Ya no valía la pena quedarse en las puertas, Naga ordenó a todos los guerreros rodear la torre, lo único que podían hacer era intentar proteger a los que allí se ocultaban.
De los miles de hombres y mujeres que habían iniciado la batalla contra los mazokus, solo quedaban en pie unos cuantos cientos. Hechiceros y espadachines ya no daban mas, a nadie le quedaban fuerzas, muchos se habían resignado y aunque muchos mas seguían luchando sabían muy bien que para el amanecer no quedaría nada ni nadie en pie.
Astaroth, cansado de la situación decidió entrar en escena, reunió una gran cantidad de energía en sus manos y apuntó a la base de la torre. Silphiel se movió rápido y logró repeler el ataque, sin embargo los demonios que estaban en tierra no perdieron el tiempo y atacaron con todo.
El sirviente de Dynast arrojó conjuro tras conjuro sin esperar a ver el resultado de su ataque. La noche comenzaba a desaparecer, lentamente la luz del sol iba dejando al descubierto la masacre producida por los mazokus.
Lina despertó sobresaltada, no se había dado cuenta cuanto había dormido, ya era hora de presentarse ante Dynast, y aunque no tenia una idea muy clara de lo que haría sabia que no dejaría que su “señor” se saliera con la suya.
La torre yacía totalmente destruida, de entre los escombros aun podían escucharse algunos débiles gemidos; las rocas de la enorme estructura estaban cubiertas de sangre; miembros tanto humanos como demoníacos cubrían lo que antes había sido la Gran Capital de la Magia Blanca.
Pocos eran los sobrevivientes, y todos ellos estaban en condiciones deplorables. Silphiel era uno de ellos. Le había costado trabajo, pero había logrado proteger a un grupo considerable.
La sacerdotisa buscó con la vista a Naga. Después de unos cuantos minutos la encontró. La nueva reina de Sailune yacía inmóvil entre los restos humeantes de una casa. Silphiel se acerco a ella, aun sabiendo lo que encontraría. Puso sus dedos en el cuello para sentir su pulso, mas no sintió nada. Cerró sus ojos y se dispuso a curar a los heridos.
Todo se veía en calma, aparentemente los mazokus habían abandonado la ciudad después del ataque de Astaroth.
Lina se presento ante su señor y de inmediato se inclino ante el, muy a regaña dientes. Dynast miraba impasible, aunque por dentro disfrutaba la rabia de su general.
- Xellos te esta esperando allá.
- Como?! – Dynast enarcó una ceja.
- Sucede algo? – pregunto tranquilo.
- N... no.
- Bien. Vamos.
- Vendrá conmigo?
- Claro, no puedo perderme eso. – Lina asintió, pero no le agradó para nada la sonrisa misteriosa y macabra del señor de los hielos.
Segundos después ambos desaparecieron. Una vez atravesaron el plano astral y estuvieron flotando sobre Sailune, Dynast se acercó a Lina, le abrazó por detrás y le susurró al oído.
- Que te ocurre? Te ves sorprendida. – el tono de Dynast era claramente provocador.
- Que... que... hiciste? – a la pelirroja le costaba trabajo articular palabra, estaba demasiado sorprendida con la escena frente a ella. Lina dio un largo y detallado vistazo por las ruinas de Sailune, su intención era obvia: quería encontrar a sus padres y a los demás.
- No te gusta? Lo hice especialmente para ti. – Lina no prestaba atención a sus palabras, estaba totalmente concentrada en encontrarlos. Finalmente pudo ver el cuerpo de Naga, estaba completamente cubierto de sangre. Intentó acercarse pero Dynast aun la tenia entre sus brazos.
- Déjame.
- Por que preocuparte por alguien que ya esta muerto? – dijo apretándola aun mas. - Mejor preocúpate por ellos. – la sonrisa de Dynast se amplió al tiempo que señalaba a Silphiel y a un grupo de personas, entre las cuales se encontraban los padres de la pelirroja.
- Señor Dynast. – Astaroth apareció frente a su amo.
- Hazte cargo, Astaroth.
- Si. – el demonio asintió y se dirigió rápidamente hasta el lugar donde se encontraba la sacerdotisa y compañía.
- Que planeas?! – la pelirroja se movía frenéticamente entre los brazos de Dynast en un vano intento por librarse de él.
- Por que no te relajas y observas.
- SUÉLTAME!!
Astaroth sabia perfectamente cuales serian sus blancos, así que se deshizo rápidamente de los que no importaban. Del grupo ahora solo quedaban los Inverse y Silphiel. La sacerdotisa se puso frente a ellos y extendió un campo de energía, Astaroth intentó destruirlo pero sin éxito. A su lado apareció Xellos, y con un toque de su bastón el escudó se desvaneció al instante.
- Lo siento niña, pero este es el destino de los patéticos humanos. – la misteriosa sonrisa de Xellos se acentuó.
Astaroth usó su enorme hacha y cortó el cuerpo de la sacerdotisa. Luego se giró a la pareja, que sin tiempo a reaccionar fue atravesada por las enormes garras del sirviente de Dynast.
Lina miraba horrorizada la escena, ahora si. Todo por lo que había luchado se había perdido, y no había hecho nada. Estuvo presente, tenia el poder... pero no había hecho nada. Dynast finalmente la soltó, pero la pelirroja no se movió ni un solo centímetro.
El señor de los hielos le miró extrañado, hacia solo unos momentos había sentido el odio y la rabia dentro de su general, ahora no podía sentir absolutamente nada. Su expresión cambio a sorpresa cuando vio como un ahora entre rojiza y dorada comenzaba a cubrir el endeble cuerpo de la chica.
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Notas de la Autora: hola otra vez!!!
Siento mucho la tardanza, pero como había dicho estoy con exámenes, pero ya solo falta mes y medio de clases, luego exámenes finales, y me dedico por completo a Rinita y sus asuntos (pagina, fics, foros, msn, etc)
A ver, me preguntan Zerosu y Suisei por qué Silphiel. Verán... justo cuando se me ocurrió revivir a alguien estaba hablando de Silphiel, eso por una parte, y lo otro fue para hacer mas fácil la resurrección de Aqua, según los pocos datos que hay de Silphiel ella es una sacerdotisa de Raguradya, es decir de Aqua y teóricamente es mas fácil si sus poderes vienen de una misma fuente. Aparte de eso... creo que nada mas. Ah! Claro, esta el hecho de que en la serie, Lina siempre le dice todo a Silphiel, de alguna forma es como su confidente, también me pareció una personalidad mas manejable. Imagínense a Amelia reclamándole por lo que ha hecho y hablando de justicia y que le susurrara quizás que cosas al oído para que se arrepienta, o a Zelgadis con su seriedad extrema y que tal vez quiera buscarle una cura... y ni hablar de Gourry, si el reviviera, el fic hubiera terminado que rato. Recordemos que una de las principales razones de todo esto fue la muerte del espadachín.
Snif... snif... no les huele como a... final? Jejejej, ya se viene, el ultimo cap de Mi Ultimo Deseo.
Y si quieren dejar sugerencias... es el momento de hacerlo, por que el próximo... será el ultimo!!! (o puede haber un epilogo... no lo se, depende de los comentarios)
Gracias a todos como siempre, en especial a J-Chan ^__^
Sugerencias, reservas mentales, criticas constructivas etc a Rinita_Inverse@yahoo.com (también se aceptan reviews! :P)
20/10/2003